La huella hídrica

Por Tino Núñez
Todos los productos que adquirimos consumen recursos naturales de forma a menudo insostenible. El más desconocido suele ser la cantidad  de agua necesaria para fabricar un artículo desde que se crea la materia prima hasta que llega a nuestras manos.

La huella hídrica

Por Tino Núñez

Todos los productos que adquirimos consumen recursos naturales de forma a menudo insostenible. El más desconocido suele ser la cantidad  de agua necesaria para fabricar un artículo desde que se crea la materia prima hasta que llega a nuestras manos. Aunque no parecen existir datos específicos sobre esa “huella hídrica” respecto a la vestimenta de montaña, sí conocemos algunos datos alarmantes relacionados con aspectos muy cercanos:

El consumo de productos confeccionados en países lejanos implica una contaminación  elevada para su transporte y un gran consumo de agua (cada litro de combustible necesita 10 litros de agua) para su fabricación.

Cuando unos pantalones vaqueros convencionales llegan a tus manos se han gastado 19.000 litros de agua.

Para un kilogramo de prendas sintéticas, al menos 2.000 litros de agua.

En un trabajo realizado por Made by (una organización europea especializada en moda sostenible)  se calificaron las fibras existentes en función de los impactos diferentes relacionados con el proceso de producción: emisión de gases contaminantes, toxicidad para los humanos y otros seres vivos, energía consumida, superficie de tierra necesaria y cantidad de agua necesaria. Algodón, poliamida y poliéster reciclados eran lo más sostenible, y el algodón convencional y la poliamida virgen (la habitual) lo “peor”. Pero curiosamente el 60 por ciento de las emisiones de estas prendas no pertenecen a su fabricación sino al rutinario lavado y secado.

Aunque existe  en el mercado de la vestimenta de montaña algún que otro confeccionista de pantalones de escalada en poliéster reciclado (como la firma alemana Vaude o la norteamericana Patagonia) el porvenir aún no es alentador, por lo que conviene utilizar sobre todo productos duraderos para reducir nuestra huella ecológica, mejor que vivir en la locura actual del pantalón hiperbarato estilo “consumir-tirar-consumir”.

Vea el artículo completo en la edición 312 de la revista Desnivel®